Un velo de misterio rodea la muerte de Miguel Antonio Lucas Valenzuela, de 44 años, quien falleció en el Hospital Regional Juan Pablo Pina poco después de salir del destacamento policial de San Cristóbal, donde permaneció seis días bajo custodia. El caso aún no ha sido esclarecido por las autoridades y vuelve a poner en entredicho el proceder de los agentes policiales en el ejercicio de sus funciones.
Su hijo, Danny Miguel Valenzuela, de 21 años, fue quien lo vio con vida por última vez bajo un panorama desolador. Relató que su padre pasó sus momentos finales con fiebre, moretones en el cuerpo, los labios agrietados y vomitando sangre. Ya no podía caminar, hablar ni realizar sus necesidades básicas y, a pesar de su gravedad, no recibió atención médica.
“Él estaba bien, estaba nítido cuando se lo llevaron preso”, expresó el joven. El día que lo liberaron, él mismo tuvo que llevar a su padre al hospital en su motor: “Sin poder caminar, sin fuerza para subirse en el motor, y me preguntaba que para dónde vamos. La policía ni quiso llamar a una ambulancia”.
Miguel Antonio Lucas Valenzuela residía solo en Calle Bonita, municipio de Hatillo, y se ganaba la vida vendiendo números de lotería mediante una red de bancas, cuyos pagos procesaba con un dispositivo tipo “verifone” no autorizado. Según sus familiares, esa actividad fue el motivo alegado para su arresto el pasado miércoles 8 de julio, cuando fue detenido en su residencia por agentes que portaban su fotografía.
El padre de la víctima, Miguel Ángel Lucas Maldonado, denunció que nunca le permitieron ver a su hijo durante los seis días de reclusión y que cuando lo liberaron estaba “completamente arrebentado, votando sangre por boca y nariz”. Agregó: “Hay manos oscuras en el caso. Hay manos negras, porque esto no fue a lo loco. El capitán andaba con una foto del hijo mío para buscarlo preso”.
Durante el apresamiento también le incautaron su motocicleta y su vehículo. Epifanio Lucas Maldonado, tío paterno, relató que su sobrino tenía días con fiebre, pedía comida y que llamaran a su hermana, diciendo que se estaba muriendo, “pero los policías nunca vinieron a darnos la noticia”.
La liberación se produjo gracias a la intervención de una abogada identificada como Nelly, quien al ver el estado de salud del detenido pidió que lo soltaran. Sin embargo, la víctima falleció poco después en el hospital.
El jueves, como forma de protesta, los familiares estacionaron el ataúd con los restos de Miguel Antonio Lucas Valenzuela frente al destacamento de San Cristóbal. “Nosotros pedimos justicia. Pedimos que eso se aclare porque hay algo oculto aquí”, exigió su padre.
El abogado del caso, Carlos Rodríguez, declaró que continuarán exigiendo justicia mientras se investiga el hecho. “Vamos a seguir depositando instancias, solicitando que se esclarezcan las causas que dieron origen a la muerte de este pobre muchacho”, sostuvo.
El Ministerio Público y la Policía Nacional han puesto en marcha una investigación. La muerte deja en la orfandad a cuatro hijos: Danny Miguel, de 21 años; Yoeiny, de 19; Roselyn, de 16; y Ángel Luis, de 15.




